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Luis Schmidt

de la catarsis

De la catarsis al éxtasis

El autor nos regala el enorme caudal de sus vivencias, sentimientos, recuerdos y fantasías que atesora en el sensible equipaje de su memoria, impecablemente trasegado al papel, a veces como poema; otras, en un relato, en este afortunado vademécum.

ISBN: 978-607-9109-26-4

 

El cielo en la tierra

Recuento de poemas

(Co-autoría con Erika Notni)

Erika Notni, Luis Schmidt

Tengo dos personalidades opuestas; una emergente y otra encubierta: soy mi propia expresión de una dicotomía. Como ya lo explica Carlos Azar en el prólogo del libro  De la catarsis al éxtasis, me confieso abogado y en tal virtud, comparto los “vicios” que caracterizan a esa profesión. Al igual que mis colegas busco ser exacto, imponer mi juicio a toda costa y hacerlo prevalecer como la única verdad. Mi tendencia es razonar al servicio de la utilidad y la objetividad. Soy capaz de observar en el interior de las mentes más oscuras para arrancar las respuestas esperadas mediante preguntas certeras. Suelo esconder las emociones, como conejo dentro del sombrero de un mago. Pero también soy lo contrario. Puedo hacer inmersiones dentro de la fantasía. Puedo imaginar e hilar palabras sin sentido o significado o sin fin útil o material. Me río de la realidad objetiva y la pinto en grafitti, para divertirme y asombrarme. A fin de cuentas me comporto parecido a los escritores de oficio: soy un ser solitario comprometido con su pluma.

No tengo una carrera y menos una formación de escritor de literatura. Sin embargo, he escrito y publicado cerros de literatura jurídica. Escribí poesía durante la secundaria y preparatoria. Poesía solo para mí. Lo que trascendió un poco más fue la música que asimismo escribí, sobre todo letras, pero también música, siempre con mis compañeros de Nirvana, el grupo de rock mexicano de los años 70 y 80. Tuve la fortuna de escribir letras de algunas de sus canciones más importantes, comoLizard y Waterfall. Fui músico por varios años, hasta los 25 años de edad. Después entré en cordura y me dediqué de lleno a la profesión, lo cual permitió respirar a mi preocupada madre. Colgué los “botines” de la música y la escritura, trabajo incompatible con mi muy seria actividad de abogado. Por suerte he hecho dos cosas durante este tiempo de transición: La primera especializarme en el derecho de la propiedad intelectual, en particular el derecho de autor. La segunda escribir ensayo jurídico. No me arrepiento de ninguna de las dos elecciones. Ambas me han permitido abrazar la creatividad, por fuera, pero también por dentro. No importa si lo he hecho con menor intensidad que los escritores de literatura o de música. No importa si me he dedicado a proteger el talento ajeno o si lo que he escrito no tiene altura literaria. Lo cierto es  que nunca he perdido el contacto con la creatividad.

Antes de cumplir cincuenta años sufrí la inquietud de volver al origen. Y como si padeciera el síndrome de la mitad de vida -diez años después, a menos de que muera a los cien años-, cambié el botón a posición B -como solía decir mi mejor amigo, hoy fallecido-, para retomar la afición de escritor -en menor medida también he vuelto a la música-. La necesidad brotó de repente, como si hubiese estado reprimida dentro de mi prisión. El libro De la catarsis al éxtasis es eso, precisamente. Con él deseo compartir un fervor liberado con quien sienta necesidad de redescubrir su vida. Me siento bien recuperando mi esencia mientras transcurre la “segunda edad”. Espero no traicionarme esta vez, abandonando las artes, sin renunciar claro, porque así está prescrito, al perfil más deslumbrante de mi leguleya personalidad.